Las estaciones de metro: templos bajo el suelo

20 septiembre, 2012 Tiempo estimado de lectura: 3 minutos Curiosidades

Cualquier espacio puede convertirse en una obra de arte. Un claro ejemplo son las estaciones de metro, lugares que, en muchos casos, se han transformado en joyas arquitectónicas donde han  intervenido profesionales de reconocido prestigio, y que ahora funcionan como galerías de arte y museos, funciones que asumen junto al transporte diario de pasajeros. ¿Quieres conocerlas?

El valor de muchas estaciones de metro radica en la singularidad arquitectónica, pero también en la historia y en las funciones artísticas que, con el paso del tiempo, han adquirido, ya sea bien por ser un lugar de paso o por el enclave que propician.

Es el caso de la red de metro de Atenas. Estaciones como la de Syntagma y Akropoli, inauguradas hace doce años, exhiben en los pasillos gran cantidad de piezas arqueológicas, entre las que se encuentran frisos del Partenón, piezas que en algunas ocasiones se han recogido durante las obras de construcción del mismo metro.

Más moderna en cuanto a contenido es la red de estaciones de Estocolmo, más conocidas como Tunnelbana. Presume de ser la galería de arte más larga del mundo. Cuenta con más de 110 kilómetros de pasillos y estaciones que alojan obras de más de cien artistas, tanto pictóricas como arquitectónicas. Una curiosidad: los techos de las estaciones son irregulares, manteniendo el relieve de la piedra.

Moscú, por otro lado, cuenta con emplazamientos subterráneos como los de Novoslobódskaya y Tagánskaya conocidas a nivel mundial, junto al resto de las estaciones, por la decoración de techos y paredes. La temática predominante es la historia del país, la guerra y el pueblo soviético a través de mosaicos, mármoles y vidrieras. Todas las estaciones están construidas con bastante profundidad y en algunos casos se han concebido como refugios antiaéreos fiables.

A destacar también las estaciones de París, Nueva York, Dubai, Londres… donde los arquitectos y diseñadores han puesto bajo el suelo las tendencias artísticas del momento, e incluso algunos de ellos han dejado huella en el diseño moderno.

El metro londinense, por ejemplo, es el primero del mundo (año 1863 con seis kilómetros de longitud) y se ha convertido en la referencia del diseño corporativo basándose en la tipografía, el logo circular y el plano diseñado por Harry Beck en 1933, que ha sido imitado por otros medios de transporte.

Fuentes de referencia


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