Los aztecas: arte en pequeño formato

15 noviembre, 2012 Tiempo estimado de lectura: 3 minutos Historia

Los aztecas fueron expertos en transmitir realismo a través de pequeñas piezas, un arte menos difundido que ha quedado relegado a un segundo plano ante las inmensas pirámides y las gigantescas estatuas simbólicas que todos conocemos. Los aztecas, a parte de dominar el arte de lo grande, también eran expertos en formatos mucho más pequeños.

El imperio azteca surge de la expansión territorial de la ciudad de México-Tenochtitlan, que floreció en Mesoamérica alrededor del siglo XIV. Se trata de una cultura comúnmente asociada a la simbología y al arte en grandes formatos, como las pirámides escalonadas que, a diferencia de las egipcias (estructuras funerarias) se usaban para rendir culto a los dioses y realizar sacrificios.

Igualmente, las esculturas más conocidas también contaban con un gran tamaño. La peculiaridad residía en el realismo de las piezas (pocas civilizaciones han sabido transmitir tan bien el miedo) y su elevada carga simbólica. Estas características también aparecen en las esculturas más pequeñas que, por tamaño, podían transmitir una escena escapando por complejo de esa bidimensionalidad asociada a las tallas gigantes.

Alta precisión con escasos recursos de tallado

La técnica de tallado aporta un valor añadido a estas piezas. Los aztecas carecían de objetos de metal para esculpir, por lo que tenían que utilizar materiales más duros, como la obsidiana (roca volcánica perteneciente al grupo de los silicatos de composición parecida al granito), para fabricar punzones y cuñas y esculpir en materiales más blandos (basalto o andesita).

¿Cómo lo hacían? La presión que aplicaban a la hora de elaborar una pieza debía ser muy precisa para evitar que los bloques se rompiesen, dando lugar a un escaso margen de error durante el esculpido. Una vez acabada la escultura, utilizaban materiales como la arena para pulir la talla final.

pueblo romano

Escultura de la diosa Coatlicue
(Fuente: Wikimedia Commons)

A pesar de las dificultades técnicas, los aztecas consiguieron dejar en herencia numerosas esculturas calificadas de obras maestras que hoy en día son ejemplo de realismo, como imágenes de Coatlicue (diosa de la tierra y la fecundidad, engalanada en algunas representaciones con una falta de serpientes y con garras en vez de pies), o de Tlazoteotl (diosa de la fecundidad cuyo nombre significa “comedora de inmundicias”, ejemplo en algunas piezas del paso de los aztecas del realismo al expresionismo, sobre todo por el tallado del rostro).

Actualmente, buena parte de las esculturas que se conservan pueden verse en museos de todo el mundo.
 

Fuentes de referencia

Freyre, Víctor (2002) “La cultura del símbolo” Historia y Vida

 


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