Historia de la valoración IX: el Imperio Bizantino

23 abril, 2013 Tiempo estimado de lectura: 8 minutos Historia

Herederos de la antigua Roma, los bizantinos recuperaron el esplendor del Imperio y lo trasladaron a Oriente. ¿Sabes cuándo surge el Imperio Bizantino? ¿Conoces cuál es su obra arquitectónica más importante?

El Imperio Bizantino comienza en el año 324 d.C., cuando el emperador Constantino se hace con el control del Imperio Romano, reunificando los territorios orientales y occidentales. Unas semanas después de alzarse con el trono, el nuevo gobernador viaja hacia el este y funda Constantinopla sobre la antigua Bizancio (actual Estambul), que se convertiría en la nueva capital del estado.

Constantinopla, nueva capital del Imperio Romano de Oriente

La nueva Roma se fundó como una ciudad cristiana. Para convertirse en la superpotencia que deseaba Constantino, necesitaba atraer a la gente de la zona occidental para que viviera allí. Para conseguirlo debía superar un importante escollo: traer agua potable a la metrópoli. A pesar de estar rodeados por el mar, no tenían agua dulce a su alrededor, por lo que se vieron obligados a construir la red de acueductos más grande del mundo, con más de 650 kilómetros de longitud.

Constantino I, el Grande
Estatua en honor a Constantino I, el Grande. 146794043

El agua llegó a Constantinopla bajo el mandato del emperador Valente. Los más de 60 acueductos tardaron en construirse casi dos siglos, pero el momento con el que había soñado Constantino había llegado: la ciudad se había convertido en la capital y nueva referencia del imperio.

Constantinopla, una ciudad inexpugnable

Junto al problema del agua, los bizantinos tenían que construir un sistema para protegerse de los ataques invasores, especialmente de los hunos, que ya habían arrasado buena parte del antiguo Imperio Romano. Para ello levantaron un sofisticado sistema de murallas, construidas a partir de mortero de caliza y ladrillo. Las paredes tenían una altura de nueve metros y un grosor de cinco metros. Además, contaba con 96 torreones desde los que avistar posibles ataques enemigos.

Acueducto de Valente
Acueducto de Valente, en Estambul.

Sin embargo, la muralla sucumbió en el año 447 debido a una serie de terremotos de alta intensidad (Estambul está situada sobre una falla). En pocas semanas, y antes de que los hunos accedieran a la ciudad, consiguieron restaurar la fortificación. Además, pudieron mejorarla, añadiendo una tercera pared defensiva que pudiera salvaguardar la ciudad.

La economía bizantina giraba en torno a sus grandes ciudades

Al igual que las ciudades romanas, Constantinopla y las grandes urbes bizantinas tenían una organización urbana y una relevancia fundamental dentro del Imperio. En ellas se concentraban las sedes de los obispados y de las instituciones políticas y militares. Además, sobre ellas giraba la economía gracias a sus talleres artesanales y a sus grandes mercados, que atraían a miles de compradores de los alrededores.

La agricultura se convirtió en el principal sustento económico del Imperio. Las grandes propiedades latifundistas eran propiedad de los monasterios o la aristocracia bizantina. El aumento de los impuestos provocó que los pequeños propietarios se convirtieran en colonos, descubriendo y sembrando nuevas tierras.

La expansión del nuevo Imperio

La situación política de Constantinopla sufrió un importante cambio con la llegada al poder del emperador Justiniano, en el año 527. Con el objetivo de recuperar el esplendor de la antigua Roma, lanzó varias ofensivas para retomar territorios en occidente, así como una campaña urbanística para revitalizar la nueva capital y convertirla en una ciudad formidable. El pueblo comenzó a odiarlo debido a varias decisiones controvertidas, en especial la de eliminar todos los rituales y señas paganas.

En el año 532, miles de hombres, desconformes con la política de Justiniano, comenzaron con una serie de protestas que acabarían arrasando buena parte de la ciudad. A partir de ese momento comenzó una importante reconstrucción de la ciudad, cuya máxima expresión sería la Iglesia de Santa Sofía, la nueva catedral.

Catedral de Santa Sofía
Basílica de Santa Sofía, en Estambul.

La basílica es el ejemplo arquitectónico más importante de la época bizantina. Uno de sus elementos característicos es la enorme cúpula central, de 30 metros de diámetro. En poco más de seis años se había levantado un monumento de 55 metros de altura en el que habían trabajado más de 10.000 obreros.

Constantinopla, el mercado europeo

Constantinopla acuñó monedas de oro para comerciar con occidente

El aumento de poder convirtió al Imperio en el mayor mercado del mundo. Los bizantinos importaban diferentes productos de Asia, especialmente seda y especias. Con Constantinopla dirigiendo las operaciones y Antioquía y Cartago como principales ciudades, los productos del continente vecino se vendían a los francos y los visigodos a través de los grandes barcos que atracaban en Marsella y Narbona.

Parte de los productos que eran trasladados a occidente eran considerados artículos de lujo. Para poder comerciar, los bizantinos acuñaron millones de monedas. La mayoría eran de oro, aunque también utilizaron distintos metales de menor valor como electro, plata, vellón, bronce o cobre.

Expansión y caída del Imperio Bizantino

Las continuas campañas militares, junto con la expansión arquitectónica, supusieron un debilitamiento al Imperio, que se vio obligado a retroceder en sus dominios. No fue hasta el siglo X, bajo el mandato de Basilio II, cuando volvería a resurgir. La mayor parte de la culpa de este nuevo florecimiento la tuvo la potencia militar que le otorgó al ejército bizantino la creación de una nueva arma muy poderosa: la catapulta. Gracias a ella, pudieron reducir a numerosos pueblos, que se sometieron a las exigencias del emperador.

El imperio bizantino cae definitivamente en 1453, debido a la invasión otomana. A pesar del poderío militar que había tenido Constantinopla, no habían sabido adaptarse a los nuevos tiempos, por los que sus tradicionales y rudimentarias armas no pudieron hacer nada contra la artillería turca.

La tradición iconoclasta

La obra arquitectónica de la época bizantina es extensa. Sin embargo, gran parte de su obra cultural se destruyó en la antigüedad, debido a la época iconoclasta. En el siglo VIII el emperador León III mandó eliminar todos los elementos icónicos que hacían referencia a la religión, debido a la influencia de las culturas anicónicas que rodeaban a Constantinopla, especialmente las procedentes de Asia y el mundo islámico. Este mandato tuvo vigor hasta el siglo XI, por lo que desaparecieron valiosos objetos culturales de los que no existe constancia en la actualidad.

Fuentes de referencia

Ostrogorsky, G (1984) “Historia del Estado Bizantino”, Akal.
(2006) “La construcción de un imperio: Los Bizantinos”, History Channel.
El Imperio Bizantino”, ArteHistoria.
La economía bizantina. Constantinopla”, Kalipedia.


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