Antes de su entrada en vigor con la Ley 11/2021, cada Comunidad Autónoma aplicaba sus propios criterios para determinar el llamado “valor real”. El resultado: diferencias significativas y una alta litigiosidad. El nuevo modelo buscaba resolver ese problema sustituyendo ese concepto por uno más homogéneo: el valor de mercado, estimado a través del valor de referencia catastral.
Qué es el valor de referencia y por qué sigue generando debate
– Módulos de valor, construidos con datos de mercado.
– Zonas homogéneas, que ponderan la localización.
El objetivo es claro: estandarizar y aproximar el valor de los inmuebles a la realidad del mercado.
Pero esa estandarización tiene un límite.
El punto de fricción: la realidad del inmueble:
En la práctica, el valor de referencia actúa como una presunción a favor de la Administración. Si el contribuyente declara un valor inferior, debe demostrar que ese es el valor real de mercado.
Aquí surge la tensión: el modelo es masivo y generalista, mientras que cada inmueble es único.
Factores como el estado de conservación, las calidades, las reformas necesarias o características singulares quedan fuera del cálculo. Y eso genera discrepancias.
El punto de inflexión: la Sentencia del Tribunal Constitucional 13/2026
El propio tribunal señalaba un problema de fondo: un método basado en datos agregados puede ignorar elementos clave del inmueble y producir resultados poco representativos.
El debate culmina con la Sentencia del Tribunal Constitucional 13/2026, de 12 de febrero, que avala el modelo.
El mensaje es claro:
– El valor de referencia es un método válido y razonable.
– Existe una conexión suficiente entre el valor estimado y la capacidad económica gravada.
– Se justifica por razones de eficiencia, seguridad jurídica y lucha contra el fraude.
– Pero el Tribunal introduce un matiz decisivo.
Un sistema abierto: qué puede hacer el contribuyente
El propio Tribunal Constitucional subraya que:
– Puede ser impugnado sin limitación de prueba.
– Es posible corregirlo si se demuestra que no refleja el valor de mercado.
Este punto cambia el enfoque. El debate ya no es si el sistema es válido, sino cómo se aplica en cada caso concreto.
La prueba pericial: de opción a elemento clave
Una valoración pericial rigurosa permite:
-
Determinar el valor real del inmueble.
-
Identificar diferencias relevantes respecto al valor de referencia.
-
Fundamentar impugnaciones.
-
Reducir o anular liquidaciones indebidas.
El criterio del Tribunal Supremo: más exigencia técnica
Una valoración pericial exige inspección completa del inmueble, interior y exterior.
No basta con aproximaciones externas ni con presunciones. La valoración debe apoyarse en un análisis directo y técnico del activo.
Este criterio eleva el nivel de exigencia y refuerza las garantías del contribuyente.
Qué cambia a partir de ahora
Pero tampoco lo está esto: no siempre refleja la realidad del mercado.
Hoy el contexto es más claro:
– La Administración mantiene la presunción de validez.
– Los tribunales exigen mayor rigor técnico.
– El contribuyente cuenta con herramientas reales para defender su posición.
El valor de referencia no es el final del camino. Es el punto de partida.
La diferencia estará en cómo se analiza cada inmueble. En cómo se traduce la complejidad en valor real. Y en la capacidad de aportar evidencia técnica sólida.
Porque ver el valor con claridad no es estimarlo. Es entenderlo en profundidad.


