Mercado residencial 1T 2012

10 abril, 2012 Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

El mercado de vivienda, por su relevancia económica, se encuentra influido por un nutrido grupo de variables que determinan su trayectoria histórica y anticipan, en cierta medida, su evolución en el corto plazo. Las notas de coyuntura que Tinsa publica trimestralmente recogen estas variables, relacionándolas de manera organizada y comprensible con el fin de ofrecer un diagnóstico permanentemente actualizado de la coyuntura en el mercado de vivienda.

El cuadro macroeconómico previsto para el 2012 pone en perspectiva negativa la recuperación del mercado residencial a lo largo de este ejercicio. El deterioro nominal de los principales agregados de la Contabilidad Nacional va a impactar de lleno sobre economía real y, en especial, sobre su principal representante: el empleo. Este hecho se traducirá, como hemos visto, en una nueva contracción de la demanda y, muy probablemente, en que continúe descendiendo el valor de las viviendas.

Sin embargo donde hay problemas también pueden detectarse oportunidades. Este año debe ser el del ajuste definitivo de los precios, hasta un nivel sostenible y acorde con las posibilidades reales de nuestra economía. También debe ser el período en el que eclosione la consolidación del sistema financiero, fortalecido por la presencia de menos entidades pero más solventes. De este nuevo esquema financiero volverá a brotar el crédito, líquido que hace posible el funcionamiento de las distintas piezas del engranaje económico.

Y, como no, también debe ser el año de la puesta en valor de nuestros activos, una vez ajustados en su precio, de tal manera que se despejen los nubarrones que impiden ver la rentabilidad potencial que atesoran muchos de ellos. Y para los que no, habrá que hacer un plan creíble, gestionado a través de la fórmula que se considere más procedente, con las ayudas necesarias, y repartiendo de manera justa pero económicamente eficiente las pérdidas producidas por unas expectativas gestadas en otra época, y que no han resultado ciertas.

Se han dado muchos pasos en el camino correcto, pero hasta que no se corrijan completamente los desequilibrios, difícilmente vamos a poder abandonar las políticas defensivas de gasto por otras más activas, relacionadas con la inversión productiva y su financiación aparejada, orientadas a la rentabilidad y razonablemente libres de la incertidumbre que ahora les asfixia. Esperemos que ese escenario tarde poco en llegar.


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